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Desperdicio alimentario de un modelo perverso
Desperdicio alimentario

En España se desperdician cada año 20 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale a 33 kilos por persona al año. Se pierde una cuarta parte de los alimentos destinados al consumo humano. El mayor volumen se da en los hogares (1,3 millones de toneladas), seguido de la industria alimentaria (389 mil toneladas).

Además, el sistema actual, desde la postcosecha hasta la distribución, es responsable de casi un tercio del total desperdiciado. En términos calóricos, el 27 % de la energía alimentaria se pierde, y solo el 69 % acaba siendo consumida.

Desperdicio alimentario

Por otro lado, el desperdicio alimentario representa el 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero del consumo en España (21,4 Mt de CO₂eq). El sistema alimentario español, además, es especialmente vulnerable a la escasez de agua, un recurso cada vez más amenazado por el cambio climático.

Una estimación muy conservadora de Greenpeace, basada en los datos de desperdicio de carne de cerdo, apunta a que cada año se sacrificarían alrededor de 190.000 cerdos para que terminen en el contenedor de la basura. Tratándose de seres vivos, esta cifra muestra bien la perversidad de un modelo industrial, en el que prima la producción de carne barata. Y en el dato no se tienen en consideración todos los animales que mueren incluso antes de llegar al matadero y que pierden la vida en los camiones de transporte o terminan en los contenedores que se encuentran en la puerta de las macrogranjas.

“Tirar comida es tirar agua, energía y trabajo. Prácticas como la pica de plátanos en Canarias lo demuestran: toneladas de alimento se eliminan por la sobreproducción para ‘regular el mercado’. Y, mientras, los agricultores siguen sin recibir un precio justo. Es necesario que la cadena alimentaria, responsable de un tercio de las pérdidas, reduzca drásticamente el desperdicio y que prácticas así, insostenibles, injustas e institucionalizadas, se eliminen de inmediato”, denuncia Helena Moreno, coordinadora de la campaña de sistemas alimentarios sostenibles de Greenpeace España.La nueva ley contra el desperdicio alimentario no obliga al Ministerio de Agricultura a medir cuánta comida se tira en cada etapa de la cadena. Sin datos, no se puede actuar con eficacia. Se exige responsabilidad a la ciudadanía, pero cuando llega el turno de las grandes cadenas o del propio Ministerio, se introducen excepciones y se redactan leyes vagas”.

¿Hay solución?

Greenpeace ha presentado su nuevo Modelo Alimentario Sostenible (MAS)  con el que, en 2050, se tiraría la mitad que ahora y las emisiones del desperdicio alimentario podrían reducirse un 96 %, bajando hasta 0,87 Mt de CO₂eq. Esto se lograría tanto por la reducción de alimentos desperdiciados como por el menor impacto climático de la producción alimentaria.

Actualmente, cada persona genera 0,45 toneladas de CO₂eq al año solo por el desperdicio de alimentos. Con este modelo, esa cifra se reduciría a apenas 0,02 toneladas. Reducir las pérdidas alimentarias no es solo una cuestión ética, sino una vía efectiva para reducir la huella de carbono del sistema alimentario y mantener nuestras actividades dentro de los límites del planeta.

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